quinta-feira, 27 de maio de 2010

HAITÍ DE SIEMPRE Y DE HOY

Lúcia Skromov Mayo/2010
El rostro negro de Haití
Haití el país africano por excelencia, país negro, país del vodu y del creole, lleno de costumbres ancestrales…
Haití es todo eso y mucho más: es el país de la primera independencia en las colonias del hemisferio sur, el país que, desde una revolución de pocos negros libres y 500 mil esclavos contra 40 mil padrones blancos de las plantaciones, estableció la primera república negral del mundo.
“ La Perla de las Antillas”, la más rica colonia de Francia, se volvió el país más pobre de las Américas y ocupa el lugar 25º en el ranking del mundo de la pobreza. Pero la verdad es que Haití no es un país pobre; fue empobrecido. Así es. Y eso lo dicen todos los haitianos que luchan diaria y incansablemente para cambiar las condiciones de su país. Y ¿por qué? Por el imperdonable ejemplo que ha dado a todos los esclavos de las colonias americanas.
Todos los imperios de aquel entonces se volvieron con miedo de este pequeño trozo de tierra, después de haberlo vencido a Napoleón Bonaparte y su ejército, lo más grande del mundo. Hasta hoy los imperios siguen teniéndole miedo a la memoria de este pueblo que nunca jamás se olvidó de su conquista.
No ha bastado punir a Haití con duros golpes: embargos económicos, deudas, saqueos de recursos naturales, intervenciones en el país; habría de crearle un estigma, enseñando al mundo, a través de los medios comprometidos con el Capital, que este es un país “pobre”, “sin condiciones de gestionarse”, “país de analfabetos que necesita de otros para ser administrado” . En otras palabras, un país que tiene que ser considerado fallido y, para garantizar los intereses externos, hay que ser ocupado directa o indirectamente por el imperio de turno.

La invasión “humanitaria”
Pasados 5 meses del terremoto Haití vive un desgobierno total. Todos mandan, menos el Estado haitiano. Hay 14 mil marines y 3 mil soldados del ejército regular de Estados Unidos y la Unión Europea también le envió a Haití 11 mil soldados, capitaneados por Francia . En nombre de la “ayuda humanitaria” este país caribeño fue ocupado totalmente y en completo descaro. Con este número sumado a los 7 mil e trescientos soldados de la Minustah, hay más de 30 mil militares en el país. Lo que parece es que hoy por hoy hay más militares extranjeros en Haití que haitianos propiamente dicho. Pero la catástrofe ha cambiado el comportamiento de los invasores: ahora no les hace falta a los imperios disfrazarse, ni esconderse por tras la ONU o Brasil; ellos se mueven abiertamente. Y controlan todo.
El puerto y el aeropuerto de la capital bajo el control de EEUU; Francia, representando la Unión Europea, hace parte de organismos estatales con poderes de decisión y quiere restablecer el consejo tutelar, a través la ONU, que podrá darle el derecho de administrar Haití; la Minustah, bajo el comando brasileño, ya no más puede decir que comanda algo que no sea lo que EEUU le ordena. Pero hay una excepción, sí señor, porque la ONU sigue con poderes para hacer incursiones para detener a los movimientos sociales, incriminándolos y arrestando o matando sus líderes. Y los medios locales e internacionales comprometidos con el Capital informan desinformando, presentando los haitianos como salvajes, violentos, sin capacidad para gobernarse y organizar la nación y, para eso, necesitan que la comunidad internacional restablezca la paz y el orden en el país. Y eso desde siempre, pero más todavía en estos momentos en que los haitianos viven desesperados, bajo situaciones- límites. Con este argumento, los medios justifican la ocupación extranjera, bajo la complicidad de un gobierno que no gobierna.
Los imperios están disputando cada trozo de este país destrozado. Estamos asistiendo a una competencia que no sólo es por el privilegiado posicionamiento geopolítico del país. Hay rumores de que fue encontrado petróleo en el Golfo de Gonaïve y a sureste del país, donde están muchas de las maquiladoras que pagan a los obreros menos de US$1/día y no pagan tasas, ni impuestos, sobre las mercancías.
Cómo se lo encuentra a Haití ahora
Es increíble que, con tantos soldados, Haití siga sin ayuda efectiva. De los escombros sale aún un fuerte olor de muerte y no se la ve ninguna movida de parte de las tropas militares para la retirada de los escombros y de cuerpos. La distribución de alimentos no alcanza sino 40% de las víctimas. Y la comida es un kit de alimentos ya listos, porque no hay gas, tampoco carbón para cocinar.
Las personas siguen con hambre, los niños y jóvenes siguen siendo secuestrados y sus secuestradores no son punidos, los estudiantes sin escuelas, los trabajadores sin empleo, los desalojados sin techo, no hay agua potable, no hay hospitales, ni medicinas suficientes… Ni hay carpas para los que están en la lluvia, y ¡la estación de las aguas se adelantó con el terremoto! No hay nada suficiente y funcionando, excepto los soldados extranjeros para ellos mismos.
Los Comités de Campamentos (KOK), compuestos por ciudadanos comunes, trabajadores y sindicalistas, están se organizando bastante y movilizando a la gente. Más de 800 representantes de estos Comités) fueron hacia el Primero Ministro, Max Belleriève, le pidiendo cuentas al gobierno acerca de los planes para resolver la situación de los campamentos provisionales de manera adecuada y no forzada. Y eso ¿ por qué? Ya no se sabe en quienes acreditar! Y los pobres no están más creyendo en promesas de un gobierno que, en realidad, no gobierna, porque ha delegado plenos poderes a los EUA y Francia, a través de la ONU, para intervenir en la ayuda incluso en campamentos. Y nada sale adelante.
En la capital de Haití viven casi 30% de una población de cerca de 9 1/2 millones. Con el desastre natural, estimase que la gente desalojada pasa de un millón.. Por un lado, se dice que el gobierno, el pasado abril, había concordado con una propuesta - o de la ONU o de otra organización - para transferir para refugios transitorios en pueblitos alrededor de Puerto Príncipe los que están viviendo en las calles y en las plazas del centro de la ciudad. Se dice también que los ciudadanos se rehúsan a concordar con el plan y recelan partir de Puerto Príncipe, porque este transitorio puede quedarse permanente. Les dijeron a las gentes en estado miserable que se iban a otros pueblitos y allí iban a tener carpas para abrigarse. Hay la certeza de las carpas, pero no de infraestructuras en estos locales y nadie les podrá garantizar la comida y el agua o medicinas. Y, sobre todo, porque a las afueras de la capital, los ciudadanos van a estar a las afueras en todos los sentidos, principalmente de la mira de los medios. Pueden caer en definitiva en el olvido, y con éste en el hambre mortal.
Desde abril, refugios de transición están siendo planeados y uno que otro puede que empezó a ser construido. Pero la propia ONU dice que la instalación de refugios de transición se encuentra frenada por la lentitud de trabajos de desescombro que sufren de una falta de equipamientos. Los que están esperando reparaciones en sus viviendas seguirán esperando, porque no está previsto ningún apoyo para las reparaciones o el desescombro que puede costar un promedio 3.600 dólares por vivienda cuando se trata de comprometer obreros, según los datos recogidos.
Por otro lado, la presión para remover las familias que estaban refugiadas en el Campo de Golf, en Pétion Ville, - barrio de la burguesía - ha hecho que un re-asentamiento fuera creado a 15 km al norte de Puerto Príncipe, y que, según lo que se dice, va extenderse a partir del lugar llamado Bon Repos hacia el Norte en dirección de la cuidad de Arcahaie sobre 7000 kilómetros.
Según relato de activistas que están se marchando a este sitio, allí, hay carpas blancas igualitas alineadas y separadas por pasillos grandes. Muy organizado el campamento. Los haitianos tienen agua para beber, aseos, pero lejos de la carpas, y, según activistas de movimientos de mujeres, eso es un problema para las mujeres pues, al ir y volver de los letrinas, enfrentaron la violencia de los hombres en los campamentos de Puerto Príncipe. Recibieron todos “kits” de comida. Pero, con todo eso, deja muchos que desear, porque las madres informan que sus niños comen los dulces, pero que lo demás no lo comen y que desde el día que allí llegaron no han comido nada. Esperan todos salir para comprar comida fuera. Una madre dice que no han traído las ollas visto que les han pedido que se marchasen con muy pocas cosas, que iban a encontrar lo necesario allá. Una madre joven dijo a las activistas que no puede dar a comer a su nene de 2 meses, porque ya no tiene leche y que no hay leche en el campamento. Dice que se irá a Puerto Príncipe. Dice un desplazado que les han autorizado a salir del campamento de comprar comida, pero que les habían aconsejado ser prudentes porque son diferentes de los demás: ellos llevan una pulsera verde. Por eso, las visitas también están prohibidas en el campamento a partir de las cinco de la tarde. ¿Eso es un campamento o un campo de concentración?
Los militares de EE.UU. están construyendo, aplaneando el terreno con tractores, bulldozers, mientras un helicóptero vigila la comarca. Es una zona sin ningún árbol, desértica, pues ecológicamente destruida. Allí es un lugar de sol y de viento y, según se lo dice, comunica un sentimiento de total aislamiento y de olvido.
Al horizonte, los montes muestran una falda con pliegues nudos, calvos, blancos. Se sabe que con las grandes lluvias el agua que baja de la montaña trae todo en su camino hasta el mar. Entonces, estos desplazados cumulan los riesgos, en caso de seísmo, de la subida del mar por una parte, y de las aguas devastadoras de los montes por otra. Las activistas dicen que tres familias con niños recién llegados han dicho que llovió por la noche, que el agua entró en la carpa a lo largo de las costuras. Otra, llegada después, que encontraron agua en la carpa, que una mujer valiente dijo que con un toldo encima de la carpa resultaría bien, y con otro en el suelo también, para que el agua quede abajo. Pero ninguna de estas familias recibió sabanas y colchón. Cierto que había colchones en los camiones o autobuses que trajeron las familias. Sin embargo, al llegar les han dicho los militares que los colchones eran para los agentes de la seguridad, es decir, los militares de servicio. Entonces, niños, mujeres, hombres, todos han dormido en el suelo de piedritas escondido por el suelo plástico de la carpa. Y hace días que está lloviendo y todavía no han recibido las familias ningún colchón.
Dicen en la prensa las organizaciones independientes, como World Visión, que el gobierno no tomó las disposiciones para preparar la venida de estos desplazados y coordinar las operaciones con ellas, tal como para las distribuciones de alimentos pronto después del terremoto. Entonces, quien tiene la responsabilidad de desplazar familias ya victimas en tales condiciones de no respeto de las normas humanitarias internacionales ¿Cual es la instancia que les autoriza a estas agencias empezar esta migración en tales condiciones? Es lo que ellas tendrían que esclarecer para el pueblo haitiano.
Éxodo al revés
Cerca de 70% de habitantes viven en el campo y éste fue afectado directamente por el terremoto, pues, además de pierda de semillas que cayeron pronto de las plantas por el temblor, estimase que entre 700 mil e 1 millón de personas migraron para el campo, huyendo del hambre. Muchos de estos tienen familia en el campo; otros están apenas regresando, buscando el camino de vuelta. Irónicamente, salieron del campo por el hambre y regresan ahora por la misma razón. Éste es un camino peligroso, pues este inmenso éxodo no fue acompañado de una ayuda a las comarcas que recibieron las víctimas.
El gobierno mismo que ha incentivado la salida de los grandes centros, principalmente de la capital, no ha se preocupado con las consecuencias que el campo, ya olvidado desde mucho, tendría de arcar. Hay lugares que prácticamente triplicaron su población después del terremoto. Muchas familias campesinas aumentaron en 50% el número de personas en sus casas e se tuvieron que usar de las semillas que estaban reservadas a las plantaciones. La ayuda a las víctimas urbanas se quedo en las espaldas de las familias que los recibieron, ya que las comarcas no recibieron ningún recurso del Estado haitiano.
Eso apunta hoy el peligro del hambre aumentar más todavía, porque no hay políticas agrícola, ni reparto agrario, La producción del campo está comprometida, porque no hay semillas que plantar y no hay cosecha suficiente ahora.
La Solidaridad de MST – Movimiento de Trabajadores Rurales Sin-Tierra
El MST, en Brasil, ha organizado brigadas campesinas para ofrecer ayuda a los haitianos en el campo – su especialidad. Salen campesinos y técnicos de todos los estados de Brasil, llegan a la Escuela Florestán Fernandes, en el Estado de São Paulo, para aprender el Kreyòl - lo suficiente para comunicarse bien con los campesinos diariamente en su idioma -, para aprender las costumbres del país, comprender su Historia y, sobre todo, para estar listo a cambiar experiencias agrícolas y saber hacer adaptaciones a la realidad de aquel país. Son preparados por algunas organizaciones; entre ellas el Comité Pró-Haití Brasil, que tiene orgullo de poder prestar servicios a los haitianos directa e indirectamente.
Están los campesinos brasileños a 80 kilómetros de la capital, plantándolas semillas que cargaron y abriendo huecos para las cisternas que llevaron desde su país. Están sudando como los haitianos para recuperar la tierra, comiendo de la misma comida que los campesinos haitianos, se acostando en los mismos tipos de cama que ellos, viviendo como ellos y discutiendo política agrícola, por fin, para los campos rurales de todo el mundo, porque están creyendo en otro Haití y, por ello, trabajando para el desarrollo sustentable de este país. Se lo ve que el MST y la Via Campesina de todo el mundo no están dejando Haití sólo.
La Via Campesina en Haití
Las organizaciones campesinas haitianas que están en la Via Campesina: MPP (Mouvman Peyizan Papay), TK (Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen), KROS (Kodinasyon Rejyonal Òganizasyon Sidès), MPNKP (Mouvman Peyizan Nasyonal Kongrè Papay) han analizado la realidad del país y han llegado a la conclusión de que éste ya tenía una situación precaria antes del terremoto y que se agravó después más todavía. Se quedo evidenciada la debilidad del Estado que no tiene capacidad de reaccionar positivamente delante de las condiciones en que se encuentra el país. El Estado está inerte. Para los movimientos campesinos, sobre todo, el Estado no habla de reconstrucció n del país considerando el campo; todo lo contrario, desea planear una reconstrucció n manteniendo la centralizació n del poder en la capital, lo que significa alejarse del campo y aislar los movimientos campesinos que luchan por el reparto agrario y la descentralizació n del poder. Descentralizació n en Haití no es un simple problema de autonomía administrativa para las comarcas y departamentos, más allá de eso quiere significar la efectiva participación popular en las instancias de poder y decisión.
Pero, desgraciadamente, la participación popular no está siendo la tónica de este proceso de reconstrucció n, además, se pude decir que esta reconstrucció n de Haití es un plan que ya fue trazado lejos del país, en los despachos de las Naciones Unidas, en Nueva York. Sus arquitectos, Estados Unidos e Unión Europea, no están preocupados con el desarrollo de Haití, tampoco con la opinión de los haitianos y sí cómo sus empresas van a invertir los US$ 5.3 billones que van a ser administrados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en esta “reconstrucció n”, donde los pobres van a reconstruir las viviendas de cartón donde siempre vivieron, por si acaso no se movilizaren.
Manifestaciones justas
Pero las gentes comienzan a reaccionar se manifestando en las calles. Préval y su grupo quieren mantenerse en el poder a cualquier precio. Aprovechándose de la catástrofe y sus consecuencias, está proponiendo medidas absurdas en el camino contrario a la Constitución. Por ello, la ola expansiva del rechazo a las medidas del actual presidente se extiende por todo el país. Todas han coincidido en que Préval, quien ha solicitado a un Senado vencido en su plazo para legislar, que le autoricen a gobernar hasta que haya otro presidente nombrado, además de plantear que quiere cambiar la Constitución de 1987. ¡Vaya medidas que propone! Y además lanzó la represión contra manifestantes en Puerto Príncipe con el resultado de un muerto, un herido y 11 detenciones. Según Radio Kisqueya, “varios miles de personas han vuelo a manifestarse el lunes para exigir la renuncia del Presidente. Los manifestantes derribaron barricadas establecidas por la policía alrededor de las ruinas del Palacio Nacional a invertir el escenario, cantando consignas contra el jefe de Estado a quien acusan de forma deliberada extendió su mandato hasta el 14 de mayo 2011 por la que se modifica la ley electoral de 2008, votada por los parlamentarios a su pago. Ellos están exigiendo la retirada de la Ley, así como las relativas a la institución por 18 meses del estado de emergencia.” La gente está indignada. El Presidente, según Jean Claude Bajeux del Centro Ecuménico de Derechos Humanos en Radio Kisqueya la semana pasada, está operando fuera de la legalidad ydice claramente que eso hay que abordarlo. La defensa del estado de derecho no es una cuestión secundaria para un pueblo que lleva años luchando por una estabilidad democrática, incluyente e igualitaria. Y su Constitución es la del fin de la dictadura, es decir, diseñada, adoptada para evitar que vengan otros de la misma calaña que los Duvalier que se instalaron 29 años en Haití. Sigue Bajeux diciendo que nadie se llame a engaño, porque los pocos medios que han divulgado la información sobre estas protestas insisten en decir que la gente pide que vuelva Aristide y eso es, más una vez, una generalizació n terrible y hecha para desviar los verdaderos propósitos del pueblo, que los únicos que piden eso son los partidarios del mismo Partido de Préval y Aristide – Lavalas - porque quieren volver al poder y no tienen otras opciones dentro del partido.
Delante de este marco, nace la esperanza de que otro Haití es posible. Un Haití libre y soberano hoy es una victoria del mismo tamaño e importancia de la victoria de 1804 y, como antes, va a darnos en las Américas por lo menos 10 años de aliento revolucionario. Por ello, hay que luchar todos juntos por Haití. Eso tiene una gran significación: luchar por todos nosotros.

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